Un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford y el Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv) ha aplicado un enfoque poco común para analizar uno de los episodios más estudiados de la Antigüedad: el cruce de los Alpes por parte del general cartaginés Aníbal en el año 218 a.C.
En lugar de centrarse únicamente en textos históricos o evidencias geológicas, los científicos calcularon el gasto energético que habría supuesto para todo el ejército—compuesto por unos 40.000 soldados, 7.000 caballos y 37 elefantes de guerra—atravesar las diferentes rutas alpinas propuestas por los historiadores.
La ruta más eficiente
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, comparó el coste metabólico de cuatro pasos montañosos. Los resultados indican que el Col de la Traversette, un puerto de 2.947 metros en la frontera entre Francia e Italia, era la opción más eficiente desde el punto de vista energético .
Según los cálculos, esta ruta habría consumido un total de 5,42 terajulios para el conjunto de la expedición. Esto supone un 16% menos de energía que la alternativa del Col du Clapier, que durante décadas fue considerada la candidata más probable por numerosos historiadores . Otras rutas, como la del Col de Montgenèvre o la del Col du Mont Cenis, habrían requerido un 11% y un 19% más de esfuerzo, respectivamente.
En términos logísticos, la diferencia era enorme. Según los autores, elegir otra ruta habría significado transportar decenas de toneladas adicionales de provisiones para alimentar a la tropa durante la travesía, un factor crítico para una fuerza militar que avanzaba en territorio hostil y sin líneas de suministro seguras.
El análisis del desgaste físico de los participantes ofrece una de las conclusiones más llamativas. Los investigadores estimaron que los soldados que cruzaron por la Traversette habrían perdido alrededor del 19% de sus reservas de grasa corporal, una cifra que podría explicar la elevada mortalidad entre las tropas, que se redujeron casi a la mitad durante la travesía.
En contraste, el modelo sugiere que los elefantes de guerra, cada uno con un peso aproximado de tres toneladas, habrían afrontado la marcha mucho mejor. Gracias a su alta proporción de grasa corporal (alrededor del 35%), se calcula que habrían perdido solo un 4% de sus reservas energéticas durante el cruce de los Alpes.
“Los elefantes pudieron perder más grasa en peso total, pero una proporción menor de su porcentaje de grasa corporal. Esto implica que dispusieron de amplias reservas de energía durante la travesía y después de ella”, explicó a la agencia SINC el coautor del estudio, Emilio Berti, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena.
Esta capacidad de resistencia contradice la creencia popular de que el paso por las montañas fue el principal desafío para los paquidermos. El verdadero problema, según los investigadores, llegó después: una vez en Italia, aislado y sin suministros, Aníbal no pudo reponer la energía de los animales, y casi todos los elefantes murieron durante el invierno siguiente, a pesar de haber sobrevivido a la travesía.
El estudio no cierra el debate histórico sobre la ruta exacta, pero añade un argumento de peso a favor del Col de la Traversette.
Los autores sostienen que, aunque Aníbal no pudiera hacer cálculos precisos, su decisión pudo haberse basado en un conocimiento práctico de las capacidades y necesidades de sus elefantes, adquirido por los cartagineses, que ya utilizaban estos animales en la guerra.
La hazaña, desde esta perspectiva, fue menos una cuestión de épica y más un ejercicio de logística y gestión de recursos.